Transición y cambio. El camino es mantenerse en acción.

Daniel Colombo es Máster Coach especializado en CEOs, alta gerencia, profesionales y equipos; comunicador profesional; conferencista internacional; autor de 28 libros.

¿Cuál es la diferencia entre cambio y transición?
Las personas por lo general utilizan la palabra “cambio” para los tránsitos y las transiciones vitales. Es necesario hacer esta distinción: 
. El cambio refiere a una alteración de una situación (nuevos roles en cualquier ámbito; un jefe recién incorporado; una remodelación que implica una mudanza del espacio de trabajo; la sumatoria de un inversionista con ideas nuevas). 
. La transición implica un proceso interno, a través del que las personas se adaptan (o no) a la nueva situación. Si no se la gestiona adecuadamente -ya sea en el ámbito personal, profesional o empresarial- los cambios que desean implementarse no funcionarán. 
Las transiciones son procesos naturales y permanentes en la vida; son la sumatoria de todos los cambios que se van produciendo desde que nacemos. Luego, de adultos, en muchos casos aparece cierta resistencia al cambio. 
Por ejemplo, cuando nos mudamos de casa o de ciudad, es una transición. Cuando fracasamos en un negocio y decidimos encarar otro. Cuando pasamos de solteros a convivir; cuando perdemos el empleo y debemos conseguir otro; cuando tenemos un ascenso en el trabajo y asumimos nuevas responsabilidades; cuando recibimos un diagnóstico de salud desafiante y debemos afrontarlo; la ruptura de una relación amorosa y el anhelo de establecer otra relación. 
Todo esto implica un nivel de proceso interno que transforma a la persona. De un estado anterior, se pasa a otro completamente nuevo y diferente, que implica un trabajo interno arduo e incesante hasta que se afianza lo nuevo. 


¿Estamos todos preparados para realizar un cambio influyente en nuestra vida?
 La cultura occidental tiende a querer que las cosas permanezcan inmutables para siempre; por lo que en ningún nivel hemos sido educados ni preparados para las transiciones y los cambios importantes. Como esto no existe (ya que siempre estamos en proceso de transición, transformación, cambios, tanto personales como de la sociedad), van sucediendo y se aprende del proceso mismo.
Vivimos en una cultura aferrada a un anhelo de estabilidad y permanencia, por lo que cualquier trastocamiento de valores, estados y situaciones conlleva un nivel de trauma en las personas, aunque sea inconsciente. 
Por ejemplo, en economías turbulentas que no terminan de asentarse, se piensa que las transiciones siempre son abruptas: no sabes con qué te encontrarás al otro día. Esto implica que muchas personas asocian transición con traumas o sufrimiento permanente; incluso la angustia de que algo va a pasar desespera a más de uno. 
Como es un proceso, generalmente se prolonga en el tiempo. Un ejemplo claro es cuando se fusionan empresas, donde hay varios años de reacomodamiento al nuevo esquema organizacional; incluso con muchas pérdidas que van quedando en el camino. Así como cuando el bebé pasa a ser un infante, luego llega la pubertad, adolescencia, juventud, adultez, ser mayor y ancianidad, cada ser humano necesita trabajar internamente las transiciones.


¿Existe resistencia al cambio, como se puede pelear contra ello?
Sí, existe y está presente en más del noventa por ciento de las personas. Es una resistencia natural a ir por lo nuevo. 
Como esto implica un nivel de desafío, y, a la vez, de desconocimiento e incertidumbre por el resultado final que se podría obtener, la mayoría insiste en resistirse.
Lo curioso es que por ley universal, todo aquello a lo que nos resistimos, persiste, o aparece con más fuerza. 
Mientras que en las transiciones se ven invitados a salir de la zona de confort, para moverse en lo que llamo la zona de valentía, donde se producen las transformaciones. 
La característica de las transiciones es que, ya sea que las resistas o las elijas para vivirlas a pleno lo mejor posible, son inevitables: van a ocurrir sí o sí. Como opuesto, en el caso de los cambios, podés elegir NO HACER NINGÚN CAMBIO, y permanecer tal como estaban las cosas.
Pero la transición te obliga a moverte, aunque no quieras. 
Por eso el camino es mantenerse en acción y producir los giros y modificaciones que mejor se adapten al estilo de cada persona u organización. Los cambios van a suceder, de todas formas.
Otras herramientas son el reforzar el autoconocimiento personal, la flexibilidad interna, generar espacios de conversación y coaching en la empresa y con colegas, amigos y familia; diseñar los proyectos de manera dinámica y que puedan re-dimensionarse y prepararse para las competencias que exige el futuro que ya comenzamos a vivir. 


¿Qué factores externos nos llevan a realizar una transición interna?
Cualquier situación muy incómoda en la que nos encontremos, nos invitan a reflexionar sobre si queremos “eso” para nosotros. Desde un trabajo que ya no me produce satisfacciones, hasta vínculos de pareja, todo puede ser considerado bajo la mirada de una potencial transición.
Las transiciones internas tienen diferentes etapas, donde pueden aparecer el hartazgo por la situación actual (incluso el aburrimiento y la rutina son motivos de querer provocar un sacudón para hacer algo diferente); los umbrales de tolerancia disminuidos (ya no se aguantan más determinadas situaciones); la necesidad de transformación (cuando se presiente internamente que queda poco tiempo en el estado actual de las cosas) y el anhelo de un futuro más concordante entre lo que soy, lo que pienso y lo que siento (la coherencia que ayuda a estabilizar las emociones y el hacer en el mundo). 
Es importante estar preparados para las transiciones. Cuando trabajo junto a personas y países que han padecido enormes transiciones (por ejemplo, por un terremoto devastador que exterminó una porción enorme del territorio habitado), se aprende a reinventarse, a reconstruirse con lo que queda -en este caso a partir de un hecho límite-.
En la vida, sin llegar a estos extremos, es necesario entrenarse en pequeñas transiciones, como cuando empezamos a aceptar el paso del tiempo y encontramos un disfrute diferente en ello; o cuando tomamos consciencia de todo lo que hemos construido a lo largo de los años -y esto se transforma en un punto de referencia positivo, y que, a la vez, nos impulsa a querer hacer ajustes para proyectar un futuro en sincronía con nuestros anhelos más profundos-.
En las empresas es fundamental trabajar sobre la flexibilidad y los procesos de transiciones, ya que pueden irrumpir sin pedir permiso. Al hacerlo todo el equipo estará alineado con el beneficio (y no con el ‘padecimiento’) de lo nuevo que aparece, aprendiendo del proceso y contribuyendo a que sea lo más provechoso posible para todos.